Capadocia (Turquía) sin gluten. Celiaco viajero

Hace ya dos años que realicé este viaje y todavía no lo había publicado. Pero una vez más, estoy contento de dedicar tiempo a este blog porque al revisar las más de 1500 fotos, los documentos, guías y notas, he revivido aquel maravilloso viaje por la región de la Capadocia en Turquía que quiero compartir con vosotros. 

Capadocia es una región de la Anatolia central, actualmente Turquía, donde vivió allá por el siglo I d.C. el médico griego Ἀρεταῖος (Areteo), el primero en escribir sobre celiaquía. Solo con leer un poco sobre la historia de la Capadocia ya entran ganas de viajar hasta allí. El terrero es calcáreo y durante años la erosión del viento y el agua han dibujado un paisaje espectacular. Además, esta región ha sufrido los vaivenes de la humanidad, pues si actualmente las mezquitas se divisan y oyen en cada población, antes fue la región donde inicialmente comenzó la expansión del cristianismo.


Os voy a contar tal y como la hicimos en dos intensos días, pero si podéis estar más tiempo optar por el senderismo, paseos en globo o a caballo, visitar pequeñas aldeas…




Día 1. Ciudades trogloditas, aventuras y relax

Aterrizamos en Nevşehir y nos movimos por toda la Capadocia en coche de alquiler. Os recomiendo elegir una buena empresa de alquiler de coches, porque la nuestra nos dio un gps que no funcionaba y por allí anduvimos preguntando por gestos a los autóctonos turcos. 
En la ciudad de Nevşehir ni entramos, cogimos el coche y a primera hora ya estábamos en la primera parada.


La ciudad troglodita de Kaymaklı

Es impresionante descubrir cómo podían vivir en una auténtica ciudad subterránea, escavada en las entrañas de la tierra entre los siglos VI y X. Tiene varias plantas con iglesias, tiendas de alimentación, establos, casas… No apto para claustofóbicos porque es muy profunda y a veces angustiosa, pero allí vivían los paisanos refugiándose de los ataques en la superficie. 

Si tenéis tiempo podéis ver otra ciudad subterránea en Derinkuyu, a 10 minutos en coche hacia el sur.



La aventura subterranea en Maziköy 

Habíamos leído en una guía trotamundos que en el pequeño pueblo de Mazi también había una ciudad subterránea nada turística y así es. Llegamos y no veíamos nada salvo una especie de bar donde varios hombres charlaban mientras tomaban té y esa colina de la foto. Resulta que la ciudad subterránea la están restaurando los propios hombres del pueblo, que además hacen de guías. Allí estuvimos 20 minutos esperando nuestra visita, tomando un té con los paisanos que nos hablaban en turco sin entender nada de nada. 

Dentro no había luz, pero el guía llevaba una linterna con la que iluminaba las estancias que explicaba en un inglés-turco (no compatible con inglés-español). Fue una auténtica aventura, porque a veces teníamos que pasar por túneles gateando, subir por unas escaleras artesanales o por agujeros apoyando los pies en las paredes. De las experiencias más surrealistas y fantásticas de mi vida. 



A comer a Urgrup pasando por Mustafapaşa

De camino a Urgrup paramos en Mustafapaşa, un pueblo precioso que bien merece una parada antes de llegar sudaos como gorrinos, llenos de polvo de las cuevas y hambrientos a Ürgüp. 

Ürgüp es un pueblo con un montón de restaurantes y tiendas de alfombras. Íbamos solo pensando en comer y tenía apuntado el restaurante con opciones sin gluten: Ziggy Cafe.
El restaurante está arriba del todo, así que caminata cuesta arriba, pero mereció la pena. El restaurante es un auténtico palacio y lo mejor es que conocen perfectamente lo que es el gluten. Comimos un entrante de patatas, un plato de brochetas de pollo y un plato de hígado. ¡Espectacular! 



Hacia Avanos y después Çavuşin 

Después de comer nos dirigimos hacia Avanos pasando por Yeni Zelve y el Valle de Devrent. Hay que desviarse un poco de la carretera pero merece la pena para ver de cerca el paisaje de chimeneas de hada y hacer la ruta caminando por el Yeni Zelve. 

Avanos es una aldea de una gran tradición alfarera que todavía puede verse en algunas casas con el taller en la planta baja. No dejéis de cruzar el puente "balancín" para admirar la mezquita desde el otro lado del río. Lo de balancín es por decirlo suavemente porque el puente se balancea y mucho, tanto que puedes perder hasta el equilibrio. No tengáis reparo a entrar en las mezquitas, pues no solo son templos también lugares de encuentro.


Acabando ya el día, nos dirigimos hacia el hotel en Goreme, previa parada en Çavuşin. Éste es un pueblito típico donde merece la pena subir la colina ya que desde arriba del todo, entre restos de iglesias cristianas escavadas en la roca, hay unas vistas impresionantes. 



Fin del día en Goreme 

Por fin, después de un día agotador llevamos a nuestro hotel Terrace House en Goreme. Pensábamos que no podíamos seguir sorprendiéndonos y nos equivocamos. El hotel tiene varias plantas, con una terraza central con vistas a la Capadocia donde sirven el desayuno. Fue llegar, ducharnos y al tumbarnos en la cama oír la llamada a la oración, nos asomamos a la ventana y caía el sol tiñendo de un rojo intenso el paisaje de la Capadocia... impresionante.

Para cenar me acerqué a unos de los muchos restaurantes situados en el centro de Goreme, con mi papel escrito en turco y pedí una ensalada sin aliñar, con el aceite y limón al lado. No tuvieron inconveniente y cené un pedazo de ensalada. Es verdad que quería probar el pot kebak que inunda todos los restaurantes de la zona, pero eso lo hice unos días después en Estambul.



Día 2 . Museos al aire libre y naturaleza

La reserva en el hotel incluía el desayuno que sirven en la terraza. Qué os voy a decir, poder desayunar tranquilamente con ese paisaje fascinante al fondo es la caña. Y encima un desayuno fácilmente adaptable: tortilla, mantequilla, fruta, té caliente o frío que completé con unas galletitas que me había llevado en la mochila. 

Museo al aire libre en Goreme 

A las afueras de la ciudad se encuentra el museo al aire libre de Goreme, un valle repleto de iglesias escavadas en la roca con pinturas rupestres. Os recomiendo ir a primerísima hora o por la tarde porque aquí es donde van todos los turistas. 

Llevar una buena guía o alquilar un audioguía en el museo para poder comprender la historia del valle y así valorar lo que se está viendo. Aquellas iglesias han sufrido el paso de diferentes culturas, tanto cristinas, griegas como musulmanas empeñadas cada una en destruir lo anterior. 



Ortahisar

Con solo recorrer 4 km escapamos de turisteo y nuevamente nos encontramos solos y a nuestra bola en el pueblo de Ortahisar. 

Desde lejos se divisa un gran peñasco rocoso o Kale. Al subir por las callejuelas nos encontramos con situaciones de la vida cotidiana, casas típicas y cuando llegas arriba nuevamente comienza la aventura de “escalar”. La subida es un poco costosa, con escaleras improvisadas, cadenas y cuerdas pero merece la pena. ¡Desde arriba del todo se disfruta de un paisaje alucinante! Si cara es el espejo del alma, solo hay que ver la foto…

Antes de volver al coche nos tomamos un refresco en las terrazas situadas al pie del peñasco para reponer energías. Podéis aprovechar para comprar vino de la zona. 


Uchisar

En unos minutos en coche llegamos a uno de los pueblos más importantes y turísticos. Se nota porque hasta tuvimos que pagar por aparcar a un señor que pensamos que era un “gorrilla” pero no, te daba ticket y todo. 

Lo más destacable es el castillo de varios pisos construido en un peñón rocoso. Por desgracia es un pueblo demasiado turístico y comparado con el peñón anterior me quedo con él, mucho más auténtico. 

A las puertas de castillo hay puestos con frutos secos, frutas desecadas, especias, tejidos y un montón de cachivaches variados. 

Con tanto subir y bajar estábamos hambrientos, así que nos fuimos al Restaurante “Center”, cuya especialidad es la parrilla. Está muy bien porque las mesas están colocadas en una terraza-jardín muy grande, por lo que comimos muy a gusto y en compañía de varios gatos. 


Ya advertía la guía que las prisas no van con el restaurante y es que según pides preparan el plato en el momento. Para pedir utilicé la carta que llevaba escrita en turco indicando lo que no puedo comer y sobre todo lo que sí puedo comer: ensalada con aceite y limón junto con una jugosa y enorme pechuga de pollo con verduras a la brasa y patatas fritas.


Pasabagi y Zelve

Solo nos quedaban dos lugares por visitar, que hubiera sido más lógico visitarlos al volver de Ávanos hacia Goreme pero las distancias son tan cortas y el tiempo tan justo que para nosotros fue la mejor opción. 

Pasabagi es conocido como el Valle de los Monjes. Nuevamente nos encontramos con un paisaje espectacular de la naturaleza resultado de la erosión a lo largo del tiempo de los diferentes materiales rocosos. Entre las chimeneas de hada se encuentran los refugios en los que los monjes ermitaños vivieron durante años y del que solo descendían para comer y beber. 

Y por último Zelve, otro museo al aire libre más pequeño que Goreme pero con muchísimo encanto. En él se pueden visitar casas escavadas en la roca con molinos para moler cereales, iglesias cristinas, iglesias protobizantinas, mezquitas, palomares… Un buen punto y final a esta aventura por la Capadocia que continuó con varios días en Estambul.



Me ha resultado muy complicado resumir esta aventura en un texto que no fuera muy largo y aburrido. Y reconozco que me ha resultado imposible transmitir las sensaciones, los sentimientos y los recuerdos que me ponen los pelos de punta. 

No miento si digo que allí fuimos felices. Algo de nosotros se quedó en Turquía, tal vez una puntada que algún día nos llevará de nuevo allí. 

De verdad, visitad la Capadocia y Estambul porque es impresionante. Viajad a vuestro aire, vivid entre los habitantes de los pueblos, entrad en las mezquitas, abrid los ojos como platos, disfrutar con los olores a especias y si sois celiacos no os pongáis límites ni barreras porque se puede viajar y disfrutar con la comida.




Ricardo. Celiacoalos30 - Junio 2016

5 comentarios:

  1. Madre mía... me encanta, quiero ir!!! Como me gustan este tipo de viajes y este reportaje es para guardarlo como oro en paño.
    Besos

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    1. Muchas gracias!
      La verdad es que es un viaje alucinante :)

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  2. Hola!! Gracias por hablar de tu viaje... a veces me da algo de respeto el hecho de viajar fuera, también soy celiaca y me encanta la cocina (menos mal!!)
    He compartido en mi blog literario un libro que igual te interesa, te dejo el link por si te quieres pasar y seguirme http://eltiempoliterario.blogspot.com.es/2016/06/la-dieta-bioalcalina.html

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  3. Que interesante!
    Me gustaría comentar, ya que escribes sobre muchos sitios donde poder disfrutar tanto de los lugares como de establecimientos adaptados a las necesidades de los celiacos, que donde mi familia y yo vivimos ( mis dos hijos son celíacos, y mi marido portador), a pesar de no ser una ciudad muy grande, también ofrece alternativas para nosotros.
    Por ejemplo, aqui en los bares es típico, que te obsequien con una tapa al hacer cualquier consumición. Suelen ser tapas acompañadas de pan, así que resulta dificil encontrar un sitio donde estar tranquilos con nuestros pequeños. Pues bien, tenemos un estupendisimo bar, que desde que nos conocen, se han adaptado muy bien a nuestras necesidades, y desde el principio tienen una freidora exclusiva para patatas fritas, con lo que evitamos la contaminación cruzada, gan adaptado varias tapas y además ahora, tienen una oferta de varias cervezas sin gluten. Son estupendos y el trato, excepcional.
    Ya sabèis, si venís alguna vez por Linares, no dudéis en visitar el Bar Alejo

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    1. Muchas gracias Carmen. Apuntado el bar Alejo de Linares :)

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