"Se come con pan", me decía mi abuelo

El próximo 16 de octubre se celebra el día mundial del pan. Como todos los años, publicaré una receta de pan pero hoy quiero contaros una anécdota.

Anécdota celiaca sobre el pan

Hace unas semanas compartí un fin de semana con unos amigos y reviví algo que tenía olvidado: "El hábito de comer con pan".

Íbamos de camino a un pueblecito de Ávila (muy bonito por cierto) cuando mis amigos se dieron cuenta de que no habíamos comprado pan para cenar. Me resultó muy curioso observar como mis amigos se desvivían por encontrar un sitio en el que comprar pan, preguntando en el pueblo de al lado, dando vueltas por el pueblo, metiéndose en una carrera de bicicletas, pensando que si el bar, el chino, la gasolinera... Mientras mi marido y yo nos mirábamos sonriendo, ya que esa costumbre-hábito-necesidad de comer con pan la hemos borrado de nuestras vidas.

He de decir que en mi casa, de toda la vida, comer con pan era obligatorio. Si nos veía mi abuelo comer sin pan, no tardaba ni cinco segundos en decir "se come con pan". De ahí que yo comiera con pan siempre, es decir, que esa costumbre no me era ajena.

Luego llegó la etapa de comer de tupper en el trabajo y aunque algunos compañeros seguían comprando el pan, la verdad es que yo fui relegando esa costumbre a la cena y el fin de semana.  Al llegar a los 30, cuando me diagnosticaron celiaquía, la costumbre de comprar pan fue desterrada desde el momento en el que compré un pan-bollo sin gluten en el super (de los de entonces), a un precio con el que hubiera comprado el pan normal de toda la semana y con el que casi me ahogo por su textura arenosa. ¡Qué decepción!

Actualmente tenemos la suerte de contar con obradores que elaboran pan sin gluten de calidad, pan de molde, de hogaza, con semillas, de masa madre, con aceitunas, de quinoa, de sarraceno... pero aún así no me planteo comer pan todos los días. Principalmente por el coste, pues aunque ha bajado el precio y la calidad es alta, no me apetece gastar tanto en un solo producto. Eso no quita, que sea treméndamente feliz disfrutando de un buen pan los fines de semana y algún día especial en el que me apetece un bocata, unas tostadas o mojar la yemita de un huevo frito.

A todo esto... finalmente mis amigos cenaron sin pan. Me daba penilla ver como se comían la tortilla de patata sin poder empujar con su ansiado trocito de pan. Supongo que es lo que mucha gente siente cuando le dices que eres celiaco y que comes sin pan.

Eso sí, al día siguiente compraron pan en una tiendecita del pueblo y tocó encender los detectores para vigilar y evitar que el pan pasara por encima de la comida, que saltaran migas a mi plato, que utilizaran su cuchillo para partir... lo normal en un celiaco.

Porque una cosa os digo, cuando uno no convive diariamente con un celiaco, es normal cometer errores y olvidarse de que una persona no puede comer algo tan común en sus vidas como es el pan. Hay que ponerse en el lugar del otro, del mismo modo que nosotros queremos que se pongan en el nuestro. Y no pasa nada si se les olvida alguna cosa, se les recuerda que tengan cuidado y ya está.


PD. Ahora tengo ganas de comerme unos huevos fritos y mojar la yemita. Lo siento si os ha pasado lo mismo. Voy a ver si tengo pan sin gluten en el congelador...

Ricardo. Celiacoalos30

Comentarios

  1. Aiiiiissss!!!l Yo debo de ser muy tozuda, me harté de oir eso de pequeña y no consiguieron que comiera con pan ni a tiros. Si me costaba acabarme la comida, de la sensacion eterna de empacho que tenia! Con decirte que habitualmente no llegaba al postre, como para comer pan ademas. Bastantes tiras y aflojas tuve con mi pobre madre para que comiera un poquito y luego, pasados los cuarenta, resulta que el problema era la celiaquia. Me hacia gracia al principio, en el trabajo, los Ay pobre! Y como lo haces para comer? Yo no podria comer sin pan, Yo me muero si me pasa eso, A mi que no me quiten las croquetas... Y yo que jamas he comido con pan y he odiado a muerte la bechamel, la sentia como engrudo. Yo les decia a todos los que me daban condolencias que no era problema, que no echaba de menos algo que no me gustaba como la bechamel ni algo que no comia habitualmente como el pan. De hecho, muchas veces mojo la yema del huevo con patatas fritas, mmm. Otras veces con pan, claro. Me ha hecho gracia la anecdota de tus amigos, hay mucha gente a la que le cuesta comer sin pan. Eso si, lo de las migas es una pesadilla, mi marido suele hacer de parapeto: yo en una esquina, el a continuacion y el resto de comensales de ese lado. A los de enfrente, los vigilamos entre los dos

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  2. Jo pues díselo a una vegana jjjjj toma pan pero no mojes en los huevos jjjjjjjjjjjj

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